divendres, 19 de gener de 2018

Señales de altas capacidades en bebés


Es muy importante que los padres identifiquen las señales de cara a una detección temprana



Un niño o niña con altas capacidades es un bebé distinto. Muchos padres, especialmente los primerizos no logran identificar el porqué de esa diferencia, pero la mayoría de ellos se dan cuenta de que su hijo es diferente desde prácticamente el primer momento.

Dado que la sobredotación es una condición en su mayor parte genética, es muy importante que los padres sean capaces de identificar todas estas señales ante una detección temprana, la cual va a facilitar mucho la crianza y educación de su hijo o hija: elección del centro educativo, momento de escolarización, entendimiento de los padres acerca de cómo es su hijo y cuáles son sus necesidades psicoafectivas… es decir, poder comprender el porqué de una situación reduce enormemente la ansiedad y nos coloca en el camino de la búsqueda de soluciones. Un bebé superdotado necesita unos padres que sepan y entiendan cómo es su hijo porque ello será garantía de un desarrollo pleno y en definitiva de lo que todos los padres queremos: que nuestros hijos crezcan felice

Algunas de las señales que presentan estos bebés son: 

Su mirada: es enfocada y alerta, una mirada que parece preguntar desde minutos después del nacimiento.
Demandan estimulación constante y se aburren cuando no la reciben. Cuando se estimula a estos bebés con canciones, palabras, etc.… el nivel de atención es total.
Se aprecia memoria en las primeras semanas, capaces de recordar y reconocer lugares, personas, objetos. Algunos pueden reproducir canciones con menos de dos años.
Duermen menos y con mayor dificultad que los demás bebés, les cuesta mucho conciliar el sueño y tienen menor necesidad de este.
Se sobrestimulan con los juguetes típicos de cuna o carrito que giran o se mueven de forma constante.
Hipersensibles a olores, sonidos, texturas… son las primeras señales de la hipersensibilidad sensorial.
Aparecen las primeras palabras en torno a los seis meses y al año puede sostener una conversación.
También comienzan a caminar de forma precoz, sobre los 8 o 9 meses, casi siempre antes del año.
En general, suelen ser bebés muy hábiles a nivel motriz.
Se interesan muy pronto por letras y números.
Capaces de aprender por sí solos a leer antes de los cuatro años.
Se muestran desobedientes.
Intuyen rápidamente conceptos matemáticos como suma o resta en torno a los tres años.
Les fascinan los cuentos y nunca tienen suficiente.
Son bebés agotadores, movidos, curiosos, nunca parecen cansados.

El que un bebé muestre algunas de estas características no significa necesariamente que vaya a ser un niño o niña con altas capacidades, sin embargo, estos son algunos indicadores que los padres deben tener en cuenta a la hora de observar la evolución de su hijo y así tener más claridad sobre la posibilidad de que efectivamente, el niño lo sea. La detección temprana solo trae beneficios y nos ahorra muchas frustraciones, tanto a padres como a hijos.
El País

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Carmen Gómez Jácome
✆ 619791539
carmen@terapiesagranollers.com
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dimecres, 17 de gener de 2018

Los niños no son tontos o listos: ¿qué son las inteligencias múltiples y cómo potenciarlas?

PSICOLOGÍA
Resolvemos para qué sirven y cómo aprovechar las que predominan y favorecer aquellas en las que son más deficitarios



En los últimos años se ha popularizado mucho el concepto de inteligencias múltiples, esa idea de que la inteligencia es un constructo complejo que no puede definirse de una única manera. Lo que ya no es tan conocido es para qué sirve, qué hacer con ello y de qué manera puede favorecer a nuestros hijos.

Efectivamente, fue un psicólogo de Harvard quien publicó un revolucionario libro llamado Estructuras de la mente donde propuso la existencia de siete inteligencias a las que posteriormente se añadiría una más. Este psicólogo llamado Howard Gardner definió la inteligencia como la “capacidad de resolver problemas, o crear productos, que sean valiosos en uno o más ambientes culturales”. En los contextos escolares se ha puesto el foco en la forma lógico-matemática y en la lingüística, pero esta corriente considera que la inteligencia puede expresarse de muy diferentes maneras y no solo constriñéndola a estas dos. El planteamiento consiste en agrupar las diferentes capacidades humanas de ocho tipos a los que posteriormente le sumó una más:

Espacial: capacidad para procesar la información en tres dimensiones, para relacionar colores, líneas, formas, espacio y figura. Las personas con esta inteligencia más desarrollada fijan las imágenes independientemente del lugar o posición en que este se encuentre, se anticipan a los posibles cambios de un objeto y lo pueden visualizar. En los niños se puede observar cuando se inclinan especialmente hacia juegos que consisten en armar o desarmar, puzles, legos y todo aquello que esté expresado en imágenes. Desarrollan esta inteligencia los juegos como decorar paredes, crear un mural, hacer puzles, laberintos, editar vídeos y crear pequeñas películas, etc.…

Lógica-matemática: es la habilidad para resolver problemas de forma lógica y a un alto razonamiento numérico. También es la capacidad para categorizar, deducir, clasificar siguiente un patrón lógico y establecer relaciones causales. Los niños en los que predomina este tipo de inteligencia son observadores, les gustan los acertijos y sudokus y les gusta saber cómo funcionan las cosas. Para favorecer este tipo algunas ideas son jugar con series lógicas, hacer experimentos con plastilina, cosas de reciclaje, usar mapas mentales, juegos que impliquen descifrar códigos, clasificar, ordenar siguiendo secuencias…

Corporal-cinestésica: predominio de la capacidad para controlar cuerpo y mente de manera muy competente. Puede ser gruesa como en el caso de los atletas o bailarines pero también fina, como por ejemplo los artesanos. Incluye equilibrio, destreza, fuerza, flexibilidad. Los niños en los que esta inteligencia predomina sufren mucho en sistemas tradicionales de enseñanza donde se les obliga a estar quietos durante largos periodos de tiempo, cuando la forma que tienen de absorber estímulos y aprender es a través del cuerpo y del movimiento. Este es su vehículo de expresión y aprendizaje. Pueden ser etiquetados como hiperactivos sin serlo. Estos niños disfrutarán mucho con todos aquellos juegos que impliquen el movimiento y la experimentación: búsquedas del tesoro, construcción de maquetas, legos, manualidades, representación con el cuerpo de lo abstracto o teórico.






Lingüística: habilidad para usar las palabras tanto habladas como escritas, para el aprendizaje de idiomas, para la comunicación y la escritura. Los niños que tienen más desarrollada este tipo de inteligencia tienen un lenguaje rico y fluido, se interesan por los significados de las palabras y los usan correctamente, les gustan los cuentos, los juegos de palabras. Disfrutan expresándose a través de este canal. Algunas actividades para fomentar este tipo de inteligencia podrían ser preparar un discurso, escribir un pequeño cuento, inventar una historia, escribir una poesía…en definitiva todo lo relacionado con la palabra en cualquiera de sus expresiones.

Musical: personas con elevada capacidad para percibir y discriminar los sonidos y transformarlos en formas musicales, para componer y tocar diferentes instrumentos, para aprender ritmos y canciones. Necesitan la música y prefieren expresarse a través de ella. Las actividades que la refuerzan o desarrollan son aquellas cuyo ingrediente fundamental es la música y el ritmo. Los niños que tienen este tipo, se relajan y se centran con música y les gustan los juegos de aprender canciones, crearlas, reproducir los sonidos de la naturaleza, crear instrumentos musicales propios, tocarlos…

Inteligencia intrapersonal
: se trata de una elevada capacidad para el autoconocimiento, para la gestión emocional de uno mismo, implica una gran conciencia de los estados de ánimo propios, deseos, necesidades, motivaciones. Las personas con esta inteligencia muy elevada tienen gran autocontrol, autoestima, habilidad para la introspección, están conectadas con sus prioridades y muy bien ancladas en el aquí y ahora. Este es uno de los tipos de inteligencia, que junto con la interpersonal, influyen más en la percepción de bienestar, felicidad y éxito que las llamadas “clásicas”, como la lógico-matemática y la lingüística. En los niños puede observarse en que prefieren trabajar solos, se concentran bien cuando les motiva la tarea, son independientes y capaces de saber y nombrar cómo se sienten y porqué. Generalmente se les etiqueta como tímidos, cabezotas e incluso lentos, cuando en realidad son niños muy creativos. Para desarrollar este tipo podemos ayudarles con estrategias tales como describir sus cualidades, sus puntos fuertes, usar técnicas de concentración y de reflexión acompañados, el juego individual, conocer y nombrar las emociones, saber qué las ha desencadenado, aceptar los errores…todo lo que lleve al autoconocimiento y mejor gestión de sus estados emocionales.

Para desarrollar este tipo podemos ayudarles con estrategias tales como describir sus cualidades, sus puntos fuertes, usar técnicas de concentración y de reflexión acompañados

Inteligencia interpersonal: es un tipo de inteligencia fundamental ya que es la que nos lleva a la elección de la pareja o de los amigos, está basada en la empatía y la habilidad para manejarnos en las relaciones. Nos permite entender e intuir los estados de ánimo, motivaciones, razones de la conducta de los demás. Los niños que tienen esta inteligencia muy desarrollada quieren estar siempre acompañados y en grupo, disfrutan del juego colectivo, son hábiles en la evitación y gestión de los conflictos entre iguales, disfrutan de las relaciones con los demás, empáticos, sensibles a las emociones ajenas. El trabajo cooperativo (no competitivo), aprender a dar y recibir feedback, comprometerse con los demás, apreciar la diferencia como un valor, respetar a otras formas de vida y de pensamiento, en definitiva, todo aquello que desarrolle la capacidad empática y solidaria y respetuosa.

Inteligencia naturalista: es la que nos hace sensibles a la naturaleza, los animales, el medioambiente. Capacidad para percibir las relaciones entre las especies, en observarlas, en la preferencia por las actividades al aire libre, les fascina todo lo relacionado con la naturaleza. La exploración de los entornos más cercanos, las visitas a lugares donde puedan verse animales y otros hábitats, sembrar un pequeño huerto, convivir con animales y responsabilizarse de su cuidado, coleccionar piedras, hojas, observar insectos y todo aquello que les conecte con un plano natural donde la percepción y la intuición son protagonistas.

Inteligencia existencial: se trata de la capacidad para hacerse preguntas sobre los grandes interrogantes de la existencia, sobre el sentido de la vida y de la muerte, el porqué de nuestro paso por la vida…Es una de las primeras en desarrollarse en niños con altas capacidades los cuales a una edad muy temprana ya empiezan a preguntarse por la muerte y el sentido de la vida, la existencia de Dios, etc.… el desarrollo de esta inteligencia está ligado a las creencias del sistema familiar y a las actividades que desarrollen de acuerdo con ellas.

Los nueve tipos de inteligencia se encuentran en mayor o menor medida en todas las personas, si bien unas de forma más predominante que otras. En el caso de nuestros hijos, la idea es ser capaces de aprovechar las que predominan en ellos y favorecer aquellas en las que son más deficitarios a fin de equilibrar todas las aptitudes buscando un desarrollo armónico que potencie sus puntos fuertes pero sin desatender aquello que menos le favorece.

Fuente: EL PAÍS

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dilluns, 15 de gener de 2018

Las cuatro C para encontrar la felicidad en lugar del placer




Qué subidón. Meses ahorrando y por fin es suyo. Menos dar masajes en los pies, hace de todo. Y ya puede, con el dineral que ha costado. Pero ahí está, tan elegante, tan nuevecito. El smartphone último modelo. O el coche. O el abrigo. El caprichazo. La sensación de felicidad es inenarrable. Le embarga, le llena. Pero, ¿es felicidad? Los expertos afirman que no. Que eso que usted siente es placer, y que el placer es efímero. Porque, en nada, lanzarán una versión mejorada de su móvil, un modelo más completo de su coche o se topará con un abrigo más bonito en cualquier escaparate, devolviéndole a la casilla de salida. Y, por si fuera poco, empezará a no saber lo que es la verdadera felicidad.

Mal asunto. "El placer está relacionado con las sensaciones crudas, puntuales, muy de piel y, por eso, tiene un recorrido muy corto", explica Rosana Pereira, psicóloga del gabinete Haztúa y experta en psicología positiva y gestión de los sentimientos, que completa: "Por el contrario, la felicidad es una forma de vida en el medio y largo plazo"

Y ambos estados están determinados por las hormonas; la dopamina, el neurotransmisor que desencadena en el cerebro las sensaciones de euforia y recompensa, es el motor del placer, mientras que la serotonina, relacionada con la calma y la satisfacción, es la responsable de la sensación de felicidad. Pero —y ahora viene el problema— la dopamina suprime a la serotonina o, dicho de otra forma, la búsqueda del placer por el placer nos aleja de la auténtica felicidad.
La dopamina suprime a la serotonina o, dicho de otra forma, la búsqueda del placer por el placer nos aleja de la auténtica felicidad 
Entonces, tanta hora feliz en los bares y tanto emoticono sonriente se revelan como parches procuradores de bienestar momentáneo que malacostumbran al individuo y que salpican de fallas el camino a la felicidad real. "La sociedad actual está enfocada únicamente en el placer, en la satisfacción a corto plazo, en el no tener que hacer dar nada a cambio", afirma Pereira, que apunta así a la raíz del problema de muchas personas frustradas y deprimidas.

Pereira explica además el concepto de rueda hedónica, la capacidad del ser humano de adaptarse al placer por el placer: "Como si fuera una droga, cada vez necesitamos más para experimentar el mismo grado de bienestar", sostiene, y pone como ejemplo las primeras salidas con los amigos en la etapa adolescente. Por entonces, cualquier plan era una caravana de nuevas sensaciones placenteras; ir al cine, tomar un refresco… todo valía. Placer en estado puro. Pero conforme pasa el tiempo los planes deben volverse más elaborados para hacernos disfrutar.

Frente al hedonismo vacío, las cuatro C

El experto en salud y bienestar americano Robert Lustig tiene una propuesta para reencauzar y ordenar la dicotomía placer-felicidad. En su libro The Hacking Of The American Mind —algo así como El pirateo de la mentalidad estadounidense—, el científico ha investigado la dependencia a la dopamina y al hedonismo y plantea un camino alternativo para abandonar la búsqueda de la felicidad a través de acciones que, realmente, sabotean las posibilidades de alcanzarla. Y lo hace estableciendo un plan en torno a cuatro C: conectar, contribuir, cuidarse y cocinar.

En primer lugar, anima a entrar en conexión con el mundo, pero de verdad. Nada de consultar Facebook compulsivamente para estar al día de las vidas de personas que no nos importan ni de inundar el WhatsApp con simpáticas pelotitas de color amarillo y aspecto exultante. Para conectarnos realmente, Lustig aboga por las relaciones personales, cara a cara y, como refuerza Rosana Pereira, del gabinete Haztúa, "a encontrar momentos de calidad con los demás que nos lleven a generar empatía, un motor básico para la producción de serotonina y, por tanto, de felicidad duradera".
Las cuatro C de Robert Lustig: conectar, contribuir, cuidarse y, la más sorprendente, cocinar
Lustig también aconseja contribuir, colaborar, dar algo a los demás sin pedir nada a cambio. "Darte al otro y comprobar cómo tu aportación hace felices al resto permite enfocarte hacia dentro, pensar en lo que sí tienes y no en lo que te falta", afirma Pereira. Porque la felicidad, dice, es dar, mientras que el placer se basa únicamente en recibir.

Siguiente C: cuidarse. "Es lo básico. Si la máquina que te mueve no tiene un buen mantenimiento, es difícil que lo demás funcione bien", confirma Pereira, que también anima, ahora sí, a no demonizar del todo al hedonismo: "La vida no tiene que ser siempre sacrificio; por eso, la combinación de la felicidad con el placer encuentra aquí su mejor punto". Por su parte, Lustig subraya cómo la falta de sueño y descanso, el estrés o la sobrecarga de tareas aumentan de forma sobresaliente el cortisol, motor a su vez de la depresión. Por eso, invita a cuidar y a no olvidar las atenciones a la única persona que nos acompañará, de forma incondicional, durante toda la vida: nosotros mismos.

Por último, la que quizá sea la C más sorprendente, la de cocinar. De nuevo, para trabajar en la generación de serotonina. Afirma el experto que el triptófano presente en los huevos o en el pescado, los ácidos grasos omega 3 y la fructosa son generadores de este hormona y, por tanto, la cocina —sana, equilibrada— se convierte en una práctica precursora de la felicidad. Por contra, la mala alimentación es motor de placer: "Una hamburguesa industrial, con sus aditivos y potenciadores del sabor, nos proveerá de un fuerte bienestar puntual pero, a la larga, levantará una barrera frente a la felicidad", apunta la psicóloga Pereira.
El placer no es malo, pero cuando es el único motor de nuestra vida, como lo fue para Arístipo de Cirene, fundador del hedonismo, nos convierte en unos desgraciados
Pero tampoco nos volvamos unos cartujos

El placer es visceral; la felicidad, etérea. El placer es recibir; la felicidad, dar. El placer es individual; la felicidad se comparte. Y el ánimo por darse placer es insaciable, porque el cuerpo y la mente siempre querrán más. Un móvil mejor, un coche con más extras, un abrigo más caro. Aunque todo cumple su función y, de nuevo, el equilibrio es clave: "El placer no es malo. ¿Cómo va a serlo? Darse un capricho, comer, practicar sexo… Lo malo llega cuando la vida se enfoca únicamente en ese sentido", concluye Rosana Pereira.

Por eso, cuatro C y alguna licencia, que tampoco pasa nada. Pero puntual, si no queremos terminar siendo profundamente desdichados. Como probablemente terminó muriendo Arístipo de Cirene, discípulo de Sócrates y fundador de la corriente filosófica del hedonismo. Sí, seguro que disfrutó de maravillosos banquetes, increíbles orgías y que consagró su vida a los más altos [o bajos] placeres terrenales. Pero quizá muriera, a la vista de la opinión de los expertos, sintiéndose un auténtico desgraciado.

fuente: EL PAÍS
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