diumenge, 20 de maig de 2012

Taichi, la interacción de la energía interior con la universal

Tai chi en la playa - Star99
La práctica habitual de esta sencilla danza milenaria practicada en China y extendida por todo el mundo, consigue una sutil mejoría de la salud y del ser.
Para entender tai chi es necesario conocer la forma oriental de comprender el universo y la individualidad del ser como un todo indisoluble, compuesto por una materia y una energía común a la materia y energía que conforma el universo en toda su plenitud.

Nacimiento del tai chi como arte marcial

El mundo occidental no contempla la vida ni la existencia personal de esa misma forma, por lo que si se quiere empezar su práctica, lo primero que habrá que comprender es qué es y por qué se hace, para lograr alcanzar un mínimo aprovechamiento en sus objetivos.
Se ha dicho que el tai chi es un arte marcial (que lo es), una danza o una gimnasia, pero lo cierto es que, siendo todas esas cosas es mucho más, porque nace cientos de años antes que todas ellas, siendo su raíz, es decir, constituyendo su forma básica de entender el mundo, una filosofía.

El principio del yin y el yang

Para los orientales, existe un principio masculino y uno femenino originarios, que parten de un mismo principio común, y se denominan yin y yang. De la interacción mutua entre estos dos principios básicos energéticos, y a través de la función mediadora del tai chi, la energía que fluye en todo el universo, todas las cosas son producidas.
El movimiento enlaza las individualidades existentes, o materia, con la energía común, global a todas ellas, de tal suerte que cuando estas se mueven, se dividen y cuando están en reposo, se reúnen. Este fluir constante es el punto de partida del tai chi.
La primera energía en movimiento con la que conecta el hombre es con su respiración. Lo primero que se aprende es a respirar lenta y profundamente, imitando el fluir continuo de todo el movimiento universal.

Sentir el fluir lento y continuo de la energía

Lo constituyen ejercicios muy lentos, posturas que se enlazan unas con otras en intervalos constantes y fluidos, con la respiración en armonía como fondo. La energía del entorno, de la tierra donde se posan los pies, del aire que se respira y de los compañeros que están alrededor, también interactúa con la energía propia.

Taichi y salud

Cuando la energía del cuerpo cesa en su movimiento, la sangre que no fluye, la respiración que se estanca, las células que no hacen su función, lo que se produce es un paro, y por lo tanto, un estancamiento, que lo que producirá será una tumoración o enfermedad. Por eso se insiste en el principio del que en nuestra cultura occidental ya hablara Heráclito, por el que todo ha de fluir para sobrevivir. Del estancamiento y la enfermedad sobreviene el cese de la existencia en esa forma concreta, o lo que es lo mismo, la muerte.
Por eso el tai chi es bueno para enfermedades como la insuficiencia cardíaca, la hipertensión, la artritis, la esclerosis múltiple, o la depresión. También es conveniente para activar la memoria, al tratar de recordar los pasos que forman las distintas tablas de ejercicios, o la imaginación, en aquellos momentos en los que es aconsejable dejarla volar libre para crear movimientos de imitación de la naturaleza.
La gran finalidad del tai chi es encontrar y potenciar la propia energía vital interior y conectarla con la del entorno.

El entorno en la práctica del tai chi

Una vez que se parte de esta base de conocimiento imprescindible para su práctica, lo único que se necesita es un entorno apropiado, ropa y calzado cómodo y una fuerte dosis de concentración e imaginación.
El tai chi suele practicarse en el exterior, pero no en un lugar cualquiera sino en lugares donde la naturaleza y la belleza puedan ser contempladas, ya que no hay que olvidar que lo que se pretende lograr es una fuerte comunicación con el entorno. Los chinos suelen practicarlo en los parques o también se puede practicar en la propia casa, siempre rodeado de un ambiente íntimo de luz, y si se puede, con una música relajante o en compañía del dulce sonido de alguna fuente.

Tablas y movimientos milenarios, como la danza del oso o el tigre

El cuerpo se transforma y se convierte en el envase de un universo de cosas. Se suele emular, a modo de danza, aquellos movimientos de los animales que recuerdan comportamientos a imitar, como el de la danza del oso, tranquilo y firme; del tigre, atento y feroz; o la del árbol, con los pies bien firmes en el suelo, como lo están sus raíces, y las ramas vibrando flexibles al aire, plenas de hojas repletas de vida en el interior.
Taichi es emular la energía del Universo y conectarla con la interior. Es la aceptación del continuo movimiento vital, primigenio y repetido en cada manifestación del ser. Es conocimiento y aproximación. Plenitud y constante concentración. Saber que la energía interna no es sino energía cósmica universal fluyendo en su continua búsqueda infinita en el existir. Es interacción, dar, recibir y sentir.


via suite 101

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