diumenge, 30 de març de 2014

La Espada Mágica

Cuenta la historia que un caballero medieval asistía a un curso para
matar dragones en la escuela local. Varios caballeros más jóvenes
acudían a esta clase especial impartida por el mago Merlín.
Nuestro antihéroe fue a ver a Merlín el primer día para hacerle saber
que probablemente no le irían bien las cosas en el curso porque era un
cobarde y estaba seguro de que siempre estaría demasiado asustado y
sería demasiado inepto como para ser capaz de matar a un dragón.
Merlín dijo que no hacía falta que se preocupara porque había una
espada mágica para matar dragones y que él se la daría a este joven y
cobarde caballero.
El caballero estaba deleitado por tener este apoyo mágico oficial con
el que cualquier caballero, no importaba lo poco que se lo mereciera,
podría matar un dragón. Desde la primera salida a los campos, con su
espada mágica en la mano, el cobarde caballero mató un dragón tras
otro, liberando a una doncella tras otra.
Un día, hacia el final del curso. Merlín propuso una adivinanza en la
clase a la que estaba asistiendo el caballero. Los estudiantes tenían
que salir al campo y matar un dragón ese mismo día. En la conmoción de
la excitación, mientras todos los demás caballeros corrían para probar
su temple, nuestro antihéroe agarró del armero la espada equivocada.
Pronto se encontró a sí mismo en la boca de la cueva de la que tenía
que liberar a una doncella cautiva. Su captor salió corriendo hacia
fuera respirando fuego. Sin saber que había agarrado la espada
equivocada, el joven caballero retrocedió preparándose para acabar con
la embestida del dragón. Cuando estaba a punto de golpear se dio
cuenta de que había cogido la espada equivocada. Ésta no era la espada
mágica, tan sólo era una espada corriente pero adecuada para buenos
caballeros.
Era demasiado tarde para parar. Bajó la espada corriente con un
certero barrido de su brazo, y para su sorpresa se desprendió la
cabeza del dragón.
Volvió a la clase, con la cabeza del dragón atada a su cinturón, con
la espada en la mano y la doncella a remolque, y corrió hacia Merlín
para contarle su error y su inexplicable recuperación.
Cuando escuchó la historia del joven caballero, Merlín se hecho a
reír. Su respuesta al joven caballero fue: «Pensé que ya te lo habrías
imaginado, ninguna de las espadas son mágicas y nunca antes lo han
sido. La única magia consiste en creer».
Osho.

Jaume Guinot
Ciudadano del mundo

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