divendres, 1 d’agost de 2014

EL LENGUAJE DEL AMOR


Un padre le obsequió a uno de sus hijos un bello rosal. Se le
acercó con amor y le dijo: -Hijo mío, te he entregado un rosal.
Puedes visitarlo y encontrar el amor en cada pétalo de cada rosa que
he puesto para ti.
Entonces el hombre entró corriendo al terreno, corriendo y
gritando... buscando el rosal. Mas no encontraba ni una, ¡ni
siquiera una rosa en el terreno!.
Entonces enfurecido gritaba: -¿Dónde están las rosas, me han
engañado acaso? Y pisaba muy fuerte y corría. Y era fuerte su
temperamento, como fuerte era su paso, como fuerte era su voz. Y no
encontraba ni una... ni siquiera una rosa en el terreno.
Entonces se alejó, y buscó en otros terrenos. Y cada vez su furia
aumentaba, pues no encontraba ni una... ¡ni siquiera una rosa en los
terrenos!.
¡Más alta era su voz!, ¡Más fuerte su lenguaje!... lenguaje separado
del amor... Hasta que un día se cansó... se cansó de correr y de
pisar fuerte, y su garganta se cansó del grito y del enojo. Y su
corazón no resistió, no resistió más la ira.
Entonces el hombre sentado en medio del terreno lloró... Con sus
lágrimas inundó el terreno, y con su voz muy... muy apesadumbrada,
también lloraba, también lloraba al no encontrar ni una... ¡ni
siquiera una rosa en el terreno!. Lloró durante días. El sol
salía y secaba las lágrimas.
Mas el hombre volvía a llorar. Hasta que un día, cuando empezó a
mirar con sus ojos cansados, más limpios ya sin lágrimas, vio como
brotaba un tallito de rosa.
Se acercó muy silencioso y sigiloso y observó, que sí...¡era un
botón de rosa! Entonces le dijo: -¿Por qué has esperado tanto para
salir?. ¿Si mi padre me regaló, no una, sino un rosal?.
Entonces el botón de rosa le respondió: -Porque has gritado muy
fuerte y has pisado muy fuerte, y nosotras las rosas nos hemos
asustado con tu enojo. Cuando llegabas al terreno temblábamos...
Temblaban nuestros pétalos y temblaban nuestros tallos, y nos
enterrábamos nuevamente para que no nos lastimaras con tu ira.
Si quieres que broten las rosas... encuentra el lenguaje del amor.
Ese lenguaje que no grita...
Ese lenguaje que no hiere...
Ese lenguaje que no ofende...
Ese lenguaje que no insulta...
Ese lenguaje que no pronuncia palabras tan duras...
Ese lenguaje que solo dice: ¡Te amo!...
Te amo infinitamente. Te amo porque sí... y ¡acepto el amor que
suavemente brota para ti!
El hombre entendió... y habló bajito. Y encontró los más bellos
versos, que hicieron grandes poemas. Y después encontró otros, que
hicieron dulces cantos.Y con su suave voz cantó al terreno... y
cantaba y cantaba... ¡más!, no tenía apuro. No le importaba si había
aparecido un solo botón, pues con su dulce canto, celebraba el poder
estar apreciando aunque fuera un pétalo de rosa.
Después de cantar y hacer los poemas, de pronto miró a su alrededor
y estaba en medio de ¡tantas y tantas y tantas rosas de colores! que
ni siquiera el hombre podría contarlas, pues era ese número
infinito, ese número que se encuentra con Dios y se hace
interminable.
Y el terreno fue bello, y las rosas no murieron... ¡fueron rosas
eternas!. Pues el suave lenguaje del amor les alimentaba como el
mejor de los abonos. Y cada vez eran más coloridos los pétalos y
cada vez era más y más bello el terreno.
El enojo y la dureza no alimentan los terrenos. Es el amor el mejor
abono para que las rosas broten sin temor...

Carmen Gómez Jácome
 619791539
carmen@terapiesagranollers.com

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