El día empezó muy mal. Me quedé dormida y llegué tarde al trabajo.
Todo lo que sucedió en la oficina contribuyó a mi ataque de nervios.
Para cuando llegué a la parada del autobús en mi viaje de regreso a
casa, tenía un gran nudo en el estómago.
Como de costumbre, el autobús llegó tarde… y atestado. Tuve que ir de
pie en el pasillo. Mientras el bamboleante vehículo me lanzaba en
todas direcciones, mi depresión se hacía más profunda.
Entonces escuché una voz grave que salía del frente:
-Hermoso día, ¿verdad?
Debido a la aglomeración de público, no podía ver al hombre, pero
podía escucharlo mientras seguía comentando el panorama primaveral,
llamando la atención hacia cada punto importante que se avistaba: esta
iglesia, ese parque, aquel cementerio, la estación de bomberos. Pronto
todos los pasajeros estaban mirando por las ventanillas. El entusiasmo
del hombre era tan contagioso que me sorprendí sonriendo por primera
vez ese día. Llegamos a mi parada. Maniobrando hacia la puerta, eché
un vistazo a nuestro "guía": una figura regordeta con una barba
oscura, que usaba espejuelos oscuros y llevaba un delgado bastón
blanco.
Vía Renuevo de Plenitud
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
dijous, 20 de març del 2014
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