dilluns, 15 d’abril de 2013

La vendedora de flores

La vendedora de flores sonreía, su arrugado rostroresplandecía de gozo.
Por impulso tomé una de sus flores.
- "Se le ve muy bien esta mañana", le dije.
- "¡Claro!", exclamó, "sobran los motivos".
Aquella mujer vestía tan pobremente y se veía tan frágil que su
actitud me intrigó.
- "Sobrelleva sus problemas admirablemente", la elogié.
Ella me explicó entonces:
- "Cuando crucificaron a Cristo un viernes, fue el día mas triste de
la historia. Y tres días después, resucitó. Por eso he aprendido a
esperar tres días siempre que algo me aflige. Las cosas siempre se
arreglan de una u otra manera en ese tiempo."
Seguía sonriendo al despedirse de mí. Sus palabras me vienen a la
mente cada vez que estoy en dificultades: "Hay que esperar tres días".

Jaume Guinot
Ciudadano del mundo

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