divendres, 7 de juny de 2013

Alegría

Nadie le permite a sus hijos bailar, cantar, gritar y saltar. Por
razones triviales -quizás pueden romper algo, quizás se les moje la
ropa con la lluvia si corren en el exterior-, por pequeñas cosas se
destruye por completo una gran cualidad espiritual: la alegría.
El niño obediente es elogiado por sus padres, por sus profesores, por
todo el mundo, y el niño juguetón es censurado. Sus ganas de jugar
podrían ser totalmente inofensivas, pero es censurado porque existe un
peligro potencial de rebelión. Si el niño continua creciendo con total
libertad para ser juguetón, acabará siendo un rebelde. No será
fácilmente esclavizado; no le podrán reclutar fácilmente en un
ejército para destruir gente, o para que le destruyan.
El niño rebelde se convertirá en un joven rebelde. Entonces no podrás
obligarle a que se case; no podrás obligarle a aceptar un determinado
empleo; no se le podrá obligar a satisfacer los deseos incompletos, y
los anhelos de sus padres. La juventud rebelde seguirá su propio
camino. Vivirá su propia vida de acuerdo a sus deseos más íntimos, no
de acuerdo a los ideales de otra persona.
Por todas estas razones, se sofoca su capacidad de jugar, se aplasta
desde el principio.
Nunca se le da una oportunidad a tu naturaleza. Poco a poco empiezas a
cargar con un niño muerto en tu interior. Este niño muerto en tu
interior destruye tu sentido del humor: no puedes reírte totalmente,
con todo tu corazón, no puedes jugar, no puedes disfrutar de las cosas
pequeñas de la vida. Te vuelves tan serio que tu vida, en vez de
expandirse, comienza a encogerse.
La vida debe ser, en cada momento, una creatividad preciosa. No
importa lo que crees, podrían ser sólo castillos en la arena, pero
todo lo que haces debería salir de tu capacidad de jugar y de tu
alegría.
Osho.
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo

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