He aquí que un hombre entró en una pollería. Vio un pollo colgado y,
dirigiéndose al pollero, le dijo:
Buen hombre, tengo esta noche en casa una cena para unos amigos y
necesito un pollo. ¿Cuánto pesa éste?
El pollero repuso:
Dos kilos, señor.
El cliente meció ligeramente la cabeza en un gesto dubitativo y dijo:
Éste no me vale entonces. Sin duda, necesito uno más grande.
Era el único pollo que quedaba en la tienda. El resto de los pollos se
habían vendido.
El pollero, empero, no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión.
Cogió el pollo y se retiró a la trastienda, mientras iba explicando al cliente:
No se preocupe, señor, enseguida le traeré un pollo mayor.
Permaneció unos segundos en la trastienda. Acto seguido apareció con
el mismo pollo entre las manos, y dijo:
Éste es mayor, señor. Espero que sea de su agrado.
Cuánto pesa éste ? , preguntó el cliente.
Tres kilos , contestó el pollero sin dudarlo un instante.
Y entonces el cliente dijo:
Bueno, me quedo con los dos.
En un atolladero tal se halla todo aspirante espiritual cuando
verdaderamente no se compromete con la Búsqueda
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
dissabte, 13 de juliol del 2013
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