dimecres, 15 de juliol de 2015

Esperanza toxica

Cuenta el mito griego que Pandora, -primera mujer de la Creación-, sintió curiosidad por una caja que Zeus le había regalado a su esposo con la consigna de no abrirla. Tan fuerte fue su intriga que, desobedeció la orden (cosa que Zeus sabía que ella iba a hacer), y, a hurtadillas, abrió la tapa. (Ay, Pandora!...) Como en ella estaban guardados todos los males... se esparcieron hacia los cuatro puntos cardinales!

Pero hay un detalle curioso: Pandora, luego de la sorpresa ante la desgracia acontecida, procuró de inmediato volver a colocar la tapa antes de que el desastre fuera total; mas al hacerlo, ya casi todos los males se habían esparcido.
Salvo uno: la Esperanza, que quedó en el fondo de la caja.
Pero... un momento: ¿¿cómo que la Esperanza??
No se supone que la Esperanza es un bien?
¿Por qué los griegos la incluyeron en la lista de los males?
Pues, porque hay un tipo de esperanza que es tóxica y fatal.

La esperanza tóxica es la madre de la postergación: aquélla que hace que uno se mienta a sí mismo respecto de que "más tarde", "más adelante", hará lo que algo muy profundo nos pide que hagamos YA.

Así, nos damos distintas excusas al respecto, fingiendo creerlas (pues la prima hermana de esa esperanza es la autojustificación!):
La Esperanza del mito nos dice al oído:


"Todo se ordenará por sí mismo, no hace falta que hagas nada", "Más adelante SÍ que te sentirás más seguro para emprender eso", "El Universo hará que tengas tiempo de más como para realizarlo en algún momento...".

Esas palabras, que en ciertas instancias pueden ser de enorme sabiduría, en otras son solamente trucos de ilusionista que nos hacemos a nosotros mismos...
Y en el fondo lo sabemos!

Y, como lo sabemos, sentimos un saborcito muy poco agradable, que deviene de que estamos traicionando una parte nuestra muy profunda.

Albert Camus lo dijo de modo inequívoco "Quien anhela y no obra, engendra peste"

Por eso en el Zen la consigna es simple: "SÓLO HAZLO!".

Es decir: ante lo esencial, dejar de dar vueltas como perro que se echará a dormir.

No cultivar esperanzas tóxicas de que "más adelante"... etcétera, etcétera...

Pues hacerlo es abrir la propia caja de Pandora y dejar que ese último mal dirija nuestra vida.

En la otra orilla del río, hay un tipo de felicidad que es muy interna:

la satisfacción de, finalmente, haber destinado tiempo, esfuerzo, valentía, a hacer aquello valioso que habíamos postergado.

Eso es decidir conscientemente tomar el riesgo de estar VIVO;

¿cómo no nos va a producir alegría?

Aquí va un poema del historiador argentino Ricardo Lanutti, que, por su fuerte contundencia... hasta parece Zen!

(Este poema tiene una curiosa historia de sincronicidades que queremos compartir en otro espacio. )

"Decimos siempre 'después'.
'Después' es 'nunca'.
'Nunca' es morir.

Ya ves:
la opción es nuestra."

Virginia Gawel & Eduardo Sosa


Carmen Gómez Jácome
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carmen@terapiesagranollers.com

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