dilluns, 18 de juny de 2012

Probióticos y Prebióticos: seguro para nuestro organismo.

Nuestro estilo de vida y los cambios industriales en la elaboración y preparación de productos alimentarios ha provocado un retroceso en algunos aspectos de nuestros organismos. Así muchas enfermedades actuales se producen como consecuencia de estos malos hábitos: escasa ingesta de fibra alimenticia, consumo excesivo de alimentos ricos en grasas saturadas e hidratos de carbonos blancos, exceso de sodio, estrés, disminución de la actividad física, etc.
Estas y otra gran cantidad de patologías vienen apoyadas por un cambio en uno de nuestros sistemas de defensas más importantes: la flora bacteriana de nuestro intestino. Nuestra flora intestinal actúa, no sólo como barrera protectora frente a diversos ataques, sino que nos facilita también una correcta absorción de nutrientes y evita la aparición de estados carenciales. Una gran parte de nuestra red de defensas se encuentra rodeando a nuestro sistema digestivo, evitando que microorganismos puedan asentarse y provocarnos distintas enfermedades.
Las bacterias beneficiosas que habitan nuestro intestino pueden disminuir su número por diversas causas, bien sea por una enfermedad o por falta de "alimento", así es importante no sólo reportarle los nutrientes necesarios sino impedir que descienda su número, y para ello se utilizan los Prebióticos, el alimento de estas bacterias, y que producen un efecto beneficioso al estimular el crecimiento y la actividad metabólica de las bacterias beneficiosas de nuestro organismo. Entre los más conocidos destacan la Inulina y los Fructooligosacáridos (FOS).
Los Probióticos son bacterias vivas de origen láctico que producen efectos positivos en nuestra salud, cuando se ingieren en las cantidades adecuadas, evitan que decrezcan en nuestro intestino las bacterias beneficiosas y aumente el número de bacterias dañinas para nuestra salud.
El uso de probióticos y prebióticos presenta gran cantidad de beneficios para nuestro organismo: evitan la intolerancia a la lactosa, sirven de gran apoyo en el tratamiento de distintas diarreas, son protectores anti infecciosos, evitan la colonización por bacterias dañinas, estimulan las glándulas linfáticas, facilitan la disminución de los niveles de colesterol en sangre, disminuyen el riesgo de padecer osteoporosis, así como los de padecer diabetes tipo II, cáncer de colon y evitan padecer elevados niveles de obesidad y sobrepeso.
Pero no todas las bacterias se pueden considerar probióticas, para ello deben cumplir una serie de requisitos: deben ser parte de la flora natural del intestino humano, no debe presentar ningún signo de toxicidad, debe existir una evidencia clara de sus efectos beneficiosos para nuestra salud, debe ser capaz de colonizar nuestro intestino y mantener el equilibrio entre la flora intestinal normal y las bacterias perjudiciales para nuestro organismo, debe paliar los efectos negativos que producen ciertos microorganismos actuando como antibióticos naturales, debe presentar un consumo seguro, se debe poder comercializar, no debe interferir con los efectos beneficiosos de otras lacto bacterias.
Hasta ahora los probióticos más conocidos son de dos tipos básicos: lactobacilus y bífidobacterias. Las más conocidas entre los lactobacilos son: L. acidophilus, L. casei, L. rhamnosus, L. reuteri, L. bulgari. Y entre las bífidobacterias más comunes son: B. bifidum, B. animalis, B. infantis y B. longum.
Los probióticos son realmente importantes para nuestro cuerpo, ya desde recién nacidos tomamos probióticos a través de la leche materna, como el Lactobacillus reuteri, gran protector de la mucosa digestiva del bebé.



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