dissabte, 19 de gener de 2013

Alfred Tomatis: HACIA UNA NUEVA DIMENSION DE LA ESCUCHA

Por Fernando Núñez Bustos.
Cuando Alfred Tomatis recibió su título de médico otorrino laringólogo en 1949 en Paris, comenzó a recibir a muchos cantantes líricos amigos de su padre -famoso barítono francés-, que venían a mostrarle sus cuerdas vocales y a pedirle consejos para sus problemas de afinación, pérdida o falta de color timbrístico, vibratos incontrolables, problemas de volumen o colocación vocal y muchos otros relacionados con la voz cantada y hablada.
Tomatis los ayudó con las técnicas y medicamentos de la época. En una ocasión, cuenta, con el objeto de tensar las cuerdas vocales para mejorar la afinación de un cantante, le subió tanto la dosis de estricnina que estuvo a punto de estrangularse en escena y seguía desafinando.
Un día, mirando las audiometrías que les hacía a sus pacientes encontró una correlación entre aquellas que les practicaba a los obreros que habían sufrido trauma acústico, y aquellas que les practicaba a los cantantes. Se dio cuenta que a pesar de lo diferente de sus profesiones presentaban un gráfico parecido en sus respuesta auditivas. Ambos tenían una caída de sensibilidad en los 4000 Hertz. Revisó muchas audiometrías y después de analizar y encontrar las mismas características llegó a la conclusión que la voz dependía de la capacidad para escuchar y que si se deterioraba la voz automáticamente se afectaba.
Con ayuda de filtros sonoros experimentó con cantantes. Los hacía cantar ante un micrófono y enviaba su voz a un aparato electrónico que permitía suprimir o sensibilizar las frecuencias a su gusto y, a través de unos audífonos, les devolvía la voz modificada para que así controlara la emisión. Los resultados eran sorprendentes. Tomatis modificaba la voz del cantante casi a su antojo. Si impedía que el sujeto escuchara frecuencias superiores a 4.000 hertz, por ejemplo, la voz perdía inmediatamente esas frecuencias con el consecuente impacto en la calidad vocal y musical. Y si por el contrario, le devolvía al oído la posibilidad de escuchar correctamente esas frecuencias la voz recuperaba su calidad con toda la musicalidad y el colorido timbrístico. Los espectros frecuenciales de la voz eran analizados por un sonograma y comparados con los filtros impuestos a los oídos, es decir, con una determinada manera o postura de "escucha".
Estos experimentos llevaron a Tomatis a enunciar dos leyes que llevan su nombre y que fueron inscritas en la Academia Francesa de Ciencias, el año 1953.
  1. La voz contiene solo lo que el oído es capaz de captar
  2. Si se modifica la manera de escuchar de un individuo cambia de manera instantánea e inconsciente su emisión vocal.


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