Era un hombre que había sido encarcelado. A través de un ventanuco
enrejado que había en su celda gustaba de mirar al exterior. Todos los
días se asomaba al ventanuco, y, cada vez que veía pasar a alguien al
otro lado de las rejas, estallaba en sonoras e irrefrenables
carcajadas. El guardián estaba realmente sorprendido. Un día ya no
pudo por menos que preguntar al preso:
- Oye, hombre, ¿a qué vienen todas esas risotadas día tras día?
Y el preso contestó:
- ¿Cómo que de qué me río? ¡Pero estás ciego! Me río de todos esos que
hay ahí. ¿No ves que están presos detrás de estas rejas?
El Maestro dice: Por falta de discernimiento puro, no sólo estás en
cautiverio, sino que ni siquiera llegas a darte cuenta de que lo
estás.
Tomado de "Cuentos Clásicos de la India" recopilados por Ramiro Calle
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
dijous, 28 de març del 2013
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