Hace mucho tiempo una zorra estaba siendo perseguida por unos
cazadores cuando llegó al sitio de un leñador y le suplicó que la
escondiera. El hombre le aconsejó que ingresara a su cabaña. Casi de
inmediato llegaron los cazadores, y le preguntaron al leñador si había
visto a la zorra.
El leñador, con la voz les dijo que no, pero con su mano
disimuladamente señalaba la cabaña donde se había escondido. Los
cazadores no comprendieron la señas de la mano y se confiaron
únicamente en lo dicho con la palabra. La zorra al verlos marcharse,
salió sin decir nada.
Le reprochó el leñador por qué a pesar de haberla salvado, no le daba
las gracias, a lo que la zorra respondió: Te hubiera dado las gracias
si tus manos y tu boca hubieran dicho lo mismo.
Nunca niegues con tus actos y obras, lo que tú pregonas con tus
palabras o dichos
Autor : Anonimo
Jaume Guinot
Ciudadano del mundo
dissabte, 13 d’abril del 2013
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