dimarts, 8 d’octubre de 2013

Yamato-Damashii: LA SUPREMACÍA DEL BIEN COMUN

El mundo los conoce como "los héroes de Fukushima", entre ingenieros, técnicos
especializados y bomberos son unos 300 hombres, voluntarios todos,
eligieron sacrificar su
vida para evitar cientos de miles de muertes por fuga masiva de
radiación. Hoy una semana
del terremoto y el tsunami todo indica que lo están logrando. Llevan
siete días trabajando sin
descanso bajo una presión inimaginable ¿como será saber que cientos de
miles de vidas están
en sus manos y además trabajar a contrarreloj? ¿Como será saberlo y
además estar sometido
a condiciones físicas extremas, altas temperaturas, riesgo de
derrumbes, trajes que dificultan
la movilidad, ausencia de verdadero descanso? ¿Cómo será realizar esa
tarea con la certeza
que la radiación les está matando? ¿Qué fuerza les permite soportar
esa presión con la calma
de seguir y seguir, y sobreponerse a todo, y no desfallecer? ¿Que
milagro hace posible que no
se quiebren, que no huyan, que no entren en crisis de pánico? ¿Que les sostiene?
Los japoneses tienen una hermosa respuesta, dicen que los héroes
llevan dentro el Yamato-
Damashii, es decir el espíritu japonés. El concepto alude a algo mucho
más grande que el
patriotismo, alude a la supremacía del bien común sobre el egoísmo
individual. Es ese
espíritu el que explica que no hubiera saqueos, ni disturbios, que la
policía no tuviera como
tarea controlar a la población y pudiera dedicarse a las tareas de
ayuda y búsqueda. Es ese
espíritu el que hace que no se les pase por la mente hacer negocio con
la desgracia del
prójimo y por tanto no se constatan subidas de precio de los productos
de primera necesidad.
La del tsunami de este intenso 2011 es la tierra de los samuráis, la
tierra del honor, la del
respeto a los ancestros y al prójimo, es el país que pudo levantarse
de sus cenizas luego de la
segunda guerra; sin embargo, para honrar realmente la grandeza de los
héroes de Fukushima
y a todo el pueblo japonés, es otra la respuesta que debemos dar
cuando nos preguntamos
¿qué les sostiene?
Dar prevalencia al bien común sobre el egoísmo individual es sinónimo
de grandeza y la
grandeza es patrimonio del espíritu humano, el de los japoneses y
también el de los doscientos
mil voluntarios que murieron en Chernobyll y de los bomberos que
entraron a las torres
gemelas. Honramos a los japoneses y tomamos su ejemplo si comprendemos
que despertar
del egoísmo es tarea de TODOS. En todo ser humano mora oculto un
samurai, en todos hay
un Hércules que es capaz de vencer obstáculos inimaginables, un David
que puede alzarse
contra una central nuclear y vencerla con su honda. Ser capaz de
desplegar esa fuerza heroica
para el bien común es la esencia misma del corazón humano. Esa fuerza
no es otra que la
fuerza del alma.
La mayoría de nosotros jamás dará la vida en un escenario dramático
como el que hoy
mantiene al mundo en vilo y sin embargo el ejemplo de los héroes de
Fukushima nos
concierne.
terrible. Tomemos la lección que Japón nos ofrece, veamos la enorme
belleza que siempre
resplandece detrás del dolor, no nos quedemos con las sombras. Lo que
el pueblo japonés en
general y los liquidadores de la central muy en particular nos
recuerdan es que el peor rostro
de Goliat es el egoísmo. Sólo enfocándonos al bien común podemos
ascender al alma, sólo si
ascendemos ella desciende y nos infunde su belleza, su poder, su calma.
No podemos seguir considerando que el alma es algo abstracto, poco
probable, poco
demostrable... No podemos justificarnos con razonamientos trasnochados
que persisten en que
lo que es invisible e intangible no puede ser objeto de nuestra
reflexión, ni nuestra búsqueda.
También la radiación del uranio y el plutonio de Fukushima es
invisible y no por ello damos
por nulos sus efectos. La radiación del alma humana, igual que la del
átomo, se mide por sus
Goliat tienen muchos rostros, la radiación con todo su horror no es el más
Los efectos de nombrar el alma, son poderosos. Nombrémosla. Redefinamos nuestra
identidad, nos convertimos en aquello que pensamos de nosotros. Si
nuestro pensamiento
concibe la grandeza, la grandeza nos concebirá y seremos alumbrados por ella.

Escrito por: Ps. Isabella Di Carlo, 19 de Marzo de 2011


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