dimecres, 26 d’abril de 2017

7 características de un buen terapeuta 2

  1. Respeta el orden de la relación de ayuda y honra el rol que ocupa. Actúa de adulto a adulto. No realiza transferencias a sus pacientes.
Un terapeuta ha revisado en profundidad sus desórdenes familiares poniéndoles solución, y respeta y acepta a sus padres tal como son.
Es fundamental que un terapeuta, un coach o cualquier profesional de la ayuda y que facilite la salud de cualquier persona, tenga un profundo respeto por el destino de las personas que trabaja. Para ello debe tener una mirada que vaya más allá de la persona y que abarque a los padres de éste. Que pueda sentir un claro respeto y amor por ellos, indistintamente de cómo fueron esas personas y de lo que se haya dicho de ellas.
Cuando alguien llega a la consulta se puede presentar como alguien que no dispone de capacidad o recursos internos como para afrontar un conflicto o dificultad. La ayuda real sería mostrarle para que reconozca su propia fuerza y se empodere, que descubra su resiliencia. Pero el terapeuta acepta la actitud infantil de quien se siente desvalido, ambos quedan inmediatamente implicados en una transferencia, donde el cliente no puede reconocer su responsabilidad y comienza a exigir internamente al terapeuta como si fuera un padre o una madre, para que solucione sus problemas, comos si se tratara de algo mecánico. Por supuesto, un terapeuta de un modo simbólico representa a los padres por un periodo en el que se establece la confianza necesaria, y puede restaurar el vínculo seguro con los padres del cliente. Pero siempre actúa en nombre de éstos, y dirige la atención hacia ellos, sin usurpar, por así decirlo, el lugar de los padres.
El trabajo terapéutico se inicia en lo más profundo de la persona que facilita la ayuda. El ciclo de sanación comienza y se cierra dentro del propio terapeuta. Un terapeuta no es perfecto, por ello ha de reconocer cuáles son sus limitaciones. Sus límites se encuentran donde alcanza su honestidad. Ha de revisar constantemente hasta donde puede trabajar con un paciente, qué cosas lo mueven emocionalmente más allá de lo que tiene dominio y sabe gestionar. Si algún tema que trae el cliente es susceptible de tocar aspectos que el terapeuta le conmueven demasiado, y no puede ser imparcial debido a su implicación relacional o emocional, debe interrumpir el proceso terapéutico. De igual modo, si el terapeuta percibe alguna actitud personal del cliente como una amenaza o que le supera de algún modo porque su moral o sus valores no le permiten ser imparcial debe comunicarlo con la mayor honestidad posible para que el cliente busque otro profesional
Por otro lado, hay ciertos aspectos específicos que a veces se pasan por alto. El acompañamiento terapéutico y todas las profesiones de la ayuda, requieren de unas actitudes muy claras para que la relación sea adecuada y mantenga el orden necesario en la relación para que se posibilite la ayuda. Por ejemplo, si un terapeuta siente atracción física y cruza la línea en este aspecto no puede servir como terapeuta. Aquí tanto el cliente como el paciente, deben evitar cualquier confusión sobre los límites de la relación interpersonal. De todos modos, aquí la responsabilidad recae sobre todo en el profesional. No puede jugar con la sensualidad ni dar mensajes dobles o confusos. Y la energía sexual o la líbido del cliente siempre serán redirigidas hacia un lugar consciente,  para poder elaborar con honestidad la relación terapeuta- cliente, y que cada uno esté ubicado en el lugar que le corresponde.
Normalmente la persona que pide ayuda se presenta de algún modo desvalida. ¿Qué sucede si el terapeuta acepta esa percepción? Se da una transferencia como si de un niño se tratara hacia sus padres, y una contratransferencia del terapeuta hacia el cliente como de un padre o una madre hacia su hijo. De esta manera se traza el camino para una larga y ardua terapia que resultará en fracaso. Con suerte si esto sucede, el cliente se enfadará y se despedirá de la terapia por su propia cuenta.
Algunos ejemplos de desorden y falta de impecabilidad en la actitud del terapeuta en este Orden de la Ayuda, podrían ser:
  • El terapeuta permite o facilita una relación padre/hijo. Donde se establece la transferencia/contratransferencia como dinámica de funcionamiento.
  • Impone su criterio y su moral.
  • No respeta las decisiones del cliente.
  • No respeta a los padres del cliente, o no siente gratitud y no ha tomado a los suyos.
  • Se enfada con el cliente, le expresa su descontento por algún motivo personal o reacciona a las expresiones emocionales de éste.
  • Cruza la línea interpersonal, jugando con la seducción y la energía sexual. No pone límites a los juegos de seducción del cliente.
  • Establece una relación personal, donde se desarrolla una “relación entre amigos”.
  • No respeta los límites de relación profesional, hablando demasiado de sí mismo, o quedando con el cliente fuera de la consulta.
Texto de: Jonàs Gnana, www.pedagogiafamliar.com

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Carmen Gómez Jácome
619791539
carmen@terapiesagranollers.com
 
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