divendres, 5 de maig de 2017

7 características de un buen terapeuta 6


  1. Siente una empatía amplia dirigida a toda la familia. No se compadece. 
Si alguien se queja de cómo está siendo su vida, o cómo fue su infancia. ¿Qué está haciendo en realidad?  Desea que algo sea diferente, quiere ser otro. Pierde la fuerza para su propia transformación. ¿Qué sucede si el terapeuta lamenta eso? También pretende que la vida del cliente hubiera sido otra. Y ambos quedan escindidos de la realidad y no pueden tomar la fuerza para afrontar las condiciones de su vida. Ambos se debilitan, y se desconectan de sus propios recursos internos.
Bajo la herencia de la medicina y la psicoterapia muchos ayudantes profesionales tratan al cliente como si fuera un individuo aislado del sistema familiar. Sólo cuando el terapeuta percibe a cada persona como integrante de una conciencia colectiva, a la cual está al servicio, puede percibir también lo que el cliente necesita y a quien de la familia, se le debe un lugar y un reconocimiento. Incluso puede darse que antes de nada, haya que dirigir la atención y la ayuda a alguien del sistema familiar, para después dar los pasos decisivos en favor del cliente. Es decir, la empatía debe ser menos personal y más sistémica. No estamos a ayudando a una sola persona, sino a un sistema familiar, donde el cliente expresa un síntoma. Una empatía personal separa en vez de unir, establece una relación personal en la cual los propios miedos o los del cliente, se confunden con los sentimientos personales e interfieren en una ayuda más amplia y profunda. Sin embargo, una empatía de mayor alcance, que abarca a la familia, llega al alma.
Algunos ejemplos de desorden y falta de impecabilidad en la actitud del terapeuta en este Orden de la Ayuda, podrían ser:
  • Consuela al cliente. Es decir, lamenta lo que le ha sucedido.
  • No respeta a los padres del cliente, juzga o se opone a algunas vivencias que tuvo.
  • Se implica personalmente en el logro de las tareas del cliente, se preocupa de su obediencia a las directrices dadas.
  • Se preocupa en conocer detalles personales del cliente que no le incumben para el tratamiento terapéutico.
  • Se enfoca demasiado en el resultado individual abandonando una perspectiva más amplia
  • No sabe retirarse una vez la terapia ha finalizado. Sigue preocupándose por el cliente.
  • Pretende controlar las acciones y el resultado de las decisiones del cliente.
 Texto de: Jonàs Gnana, www.pedagogiafamliar.com

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Carmen Gómez Jácome
619791539
carmen@terapiesagranollers.com

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