dilluns, 20 de maig de 2013

Sonrisas

Preguntaron a una madre cuál era el secreto para obtener que sus hijos
fueran tan amados por los demás, y ella respondió:
"Mi primera lección es enseñarles a sonreír".
Y resumía así los consejos que ella da a sus hijos:
Sonríe, sonríe, hasta que notes que tu continua seriedad o tu
severidad habitual hayan desaparecido.
Sonríe, hasta que logres que el calor de tu rostro alegre, caliente tu
corazón que tiende a ser frío.
Recuerda que tu sonrisa tiene un trabajo que hacer:
ganar amigos para ti, y almas para Dios. Puedes ser apóstol con sólo sonreír.
Sonríe a los rostros solitarios.
Sonríe a los rostros enfermos.
Sonríe a los rostros arrugados de los ancianos.
Sonríe a los rostros sucios de los pordioseros.
Deja que en tu familia todos gocen de la belleza y de la inspiración
que provienen de tu rostro sonriente.
Cuenta, si tú quieres, el número de sonrisas que la tuya haya
despertado en otros durante el día.
Ese número representa cuántas veces tú has fomentado la felicidad, la
alegría, el ánimo y la confianza en otros corazones.
La influencia de la sonrisa se extenderá hasta donde tú ni siquiera
alcanzas a sospechar.
Tu sonrisa te abre muchas puertas, allana las dificultades y hasta
puede obtenerte excepcionales favores.
Puede ser un comienzo de conversión a la Fe.
Puede ganarte un sinnúmero de verdaderos amigos.
Y sonríe también a Dios: aceptando lo que él quiere que te suceda,
porque ya sabes que todo redunda en bien de los que aman al Señor.
Sufrir con amor es delicioso, pero sonreír en el sufrimiento es el
arte supremo del amor.
Sonreír en el sufrimiento es cubrir con pétalos vistosos y perfumados
las espinas de la vida, para que los demás sólo vean lo que agrada, y
Dios, que ve en lo profundo, anote lo que nos va a recompensar.
Y así obtendrás que en el último día, Cristo tu Juez, te sonría
también satisfecho y te lleve a donde nunca vas a dejar de sonreír.
P. Eliécer Sálesman
Jaume Guinot
Ciudadano del Mundo

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